¿Qué puede ser tan fuerte que te haga no estar en tu lugar?
Es difícil salir de nuestro pueblo. Es difícil enfrentarte a nuevos mundos, nuevas culturas, nuevas formas de pensar y de hablar.
Mientras uno vive en "su lugar" se siente vivo y completo; y hasta cierto punto satisfecho. Siempre pensamos en lo maravilloso de esos momentos que vivíamos y que recordamos con añoranza llenos de aromas, de luces, de horas azules y en lo cómodo y familiar que nos resulta caminar en nuestro espacio. Es lindo estar en el lugar en el que crecimos.
Pero, y cuando uno sale de ahí, camina lleno de fe, amor, esperanza, gloria y ansias de encontrar nuevas experiencias y hasta aventuras. Caminamos sin voltear atrás más que de reojo sólo para llevarnos ese último cachito de lo nuestro. Salimos siempre con la esperanza de volver algún día a pisar el asfalto caliente que nos recibía todas las mañanas al salir de la casa. Ahhhh...
Bueno, estabamos en el momento en el que salimos expectantes a nuevas oportunidades llenos de sueños.
El asunto es... ¿qué pasa cuando salimos de esa tierra prometida en la que crecimos con tanto amor y la añoramos durante nuestra estadía en otro lugar, y simplemente de pronto no regresamos? No regresamos por que a pesar de que anhelamos con todo el corazón estar ahí de vuelta hay factores o situaciones que nos impiden volver.
Y entonces, todo se vuelve pesado y complicado. De un momento a otro comenzamos a sentir los pasos imposibles, esos sueños con los que salimos algún día son cada vez más lejanos, esa esperanza a pesar de que es lo último que se pierde ya no la sentimos. Todo se acaba. Pero, ¿por qué no volvemos a casa si tanto la necesitamos?
jueves, 13 de agosto de 2009
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